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Head of Arena Communications México

Todos seremos Directores

Hace mucho tiempo que no escucho lo de “la brecha digital”. Cuando comencé en esto de Internet, simplemente, no había muchos en Internet. Al poco tiempo y dada su magia, sus posibilidades, su efecto viral, “todo el mundo” usaba Internet. El término “brecha digital” se acuñó para describir el efecto diferencial en desarrollo económico entre los que tenían acceso a Internet (sobre todo por infraestructuras) de los que no lo tenían. Este efecto, bajado a personas y no a territorios geográficos, nunca diferenció entre edades. Se suponía que los más jóvenes hacían un uso más intensivo de Internet que los más adultos

Pero, Internet, sobre todo hoy en día, nada tiene que ver con el concepto de  digitalización. La digitalización no entiende de edades, de coberturas (otra vez las infraestructuras), de tamaños o tipos de empresas (ni de sectores), ni siquiera de zonas geográficas. Tiene que ver con la actitud ante los cambios. Depende de cada uno y cómo afronte cada uno el mayor cambio en la historia reciente.

Escuché hace ya más de un año en una clase en Georgetown, Universidad de New York, que al Quijote lo tachaban de loco por leer muchos libros en una época en la que nadie leía. Y no sólo no se leía sino que no se entendía a quien leía o por qué se leía. Más tarde los locos fueron todos los que hablaban mucho por teléfono y muy recientemente los que veían mucho la televisión. Hoy estamos en el momento de tachar de locos a los que juegan mucho a los videojuegos ó pasan horas y horas enganchados a los móviles. En dicha clase, el profesor advertía, inteligentemente, que los locos, en la historia, siempre han sido los que tardaron mucho en adaptarse a los cambios y luego, no supieron encontrar su sitio en la nueva realidad.

Déficit de atención, lectura diagonal, híper-información, multi-tarea, “publífobos”, síndrome de las ventanas abiertas, procrastinación…todos estos términos suenan cada vez más en nuestro día a día, tanto personal como profesional. Todos tienen que ver con un entorno donde la velocidad del cambio ha superado todo lo anteriormente conocido. No estábamos preparados. En un mundo donde íbamos cada vez más rápido, nos hemos quedado atrás. Todos nos hemos quedado atrás. Y quedarse atrás, siempre ha tenido remedio; correr más y adaptarse. Hoy no. Hoy no va de correr más, va de cambiar para siempre la forma de correr. Va de correr diferente y eso (lo dice un adicto al deporte), duele. Duele mucho.

La brecha digital, que un día tuvo que ver con acceso a Internet, se convierte en la brecha por digitalización. Tiene que ver con quedarse atrás. Quedarse atrás respecto a los de tu edad, quedarse atrás respecto a tus compañeros de trabajo ó de clase, quedarse atrás respecto a tu competencia, quedarse atrás respecto a tus hijos. Quedarse atrás. Para siempre.

Nos hace infinita gracia ver a nuestros hijos jugar con los dispositivos móviles táctiles como si lo hubiesen aprendido durante sus 9 meses de gestación (imposible no recordar los nidos de humanos criados artificialmente en Matrix) ó ver cómo en las comidas familiares, el sobrino de 6 años machaca al tío de 38 años a un partido de fútbol en la consola. No le machaca, le humilla. También nos hace gracia (otro tipo de gracia, claro) ver cómo el recién llegado a un trabajo cualquiera es constantemente corregido por sus superiores para acelerar su adaptación a las reglas de un entorno laboral que nada tiene que ver con la infame educación que ha recibido en la universidad de turno. Y, de forma similar, pero ya no hace tanta gracia, nos sorprende el nulo acercamiento de dichos recién llegados al entorno de la responsabilidad, de la implicación ó de la proactividad.

Esto es brecha por digitalización. Deberíamos denominarla brecha generacional pero sonaría demasiado poco descriptiva, demasiado poco grave, demasiado poco sangrante.

Es una brecha para la que no hay remedios institucionales ó fórmulas de rápida implantación. Debe anularse ó al menos reducirse desde uno mismo. Y lo más gracioso es que no es una brecha respecto de un punto concreto (de un alguien o de un cómo) sino de muchos puntos diferentes. Nos toca a todos espabilar.

Nos toca reconducir nuestra actividad profesional hacia cotas mucho más severas de autoexigencia pues con ello nos adaptaremos a una economía que no entiende de paciencia ni de escurrir el bulto. Nos toca ser mucho más agradecidos en términos productivos sea donde sea donde nos toque dar el callo. Nos toca ser mucho menos reacios a adoptar las nuevas tecnologías y a usarlas de forma activa e integrada en nuestro día a día. Nos toca dejar de mirar hacia abajo en las estructuras empresariales (a unos) y dejar de mirar hacia arriba (a otros). Nos toca, en definitiva, dejar de ser, unos, jefes y otros, empleados (niños jugones y tíos humillados) para ser todos directores. Todos, directores del impulso y absorción tecnológica y digital y todos, directores de responsabilidad e implicación.

No nos garantiza anular definitivamente la brecha pero, al menos, todos seremos directores.

Comentarios
  1. Jotaypunto8 agosto 2012 a las 11:56 am

    Para eso todavía hay que quitarse del medio algunos dinosaurios que se niegan a ver la realidad.

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