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Head of Arena Communications México

No Pain, No Gain

Mayo 2002. Me hago un tatuaje para recordarme toda mi vida que sin esfuerzo, no hay recompensa.

25.11.12 Nunca me había puesto tan nervioso antes de una carrera. Nunca. Tras 4 meses entrenando para el Maratón de San Sebastián, ya estaba listo. O, ¿no?

Km. 0

El 12 de diciembre de 2010 tengo que ir a la consulta de un traumatólogo especialista en rodillas, buen contacto de mi amigo Rafa. El dolor, sobre todo en la rodilla izquierda, es insoportable. Me duelen las dos después de los entrenamientos. Llevo ya casi 3 semanas sin correr. He consultado a varios fisioterapeutas, quiroprácticos e incluso, ortopedas y los diagnósticos varían entre tendinitis de rodilla hasta bajo tono muscular en el recto anterior, provocando sobrecargas en los tendones de la rodilla.

Le hago varios comentarios jocosos. No se ríe. No me mira. Tras examinarme vagamente, me indica que me vuelva a sentar. “Usted tiene Síndrome Rotuliano. Como ya tiene 35 años y me imagino que querrá seguir andando durante mucho tiempo, no puede volver a correr nunca más”.

Km. 5

No me encuentro nada bien. No es justo. Llevo más de 5 meses entrenando y estoy en la mejor forma de mi vida. Maratón de Barcelona. Mayo 2011, con tiempo idóneo y al nivel del mar, es la ocasión perfecta para, no sólo volver a bajar de 3h 30min sino para pulverizar ese tiempo. Mi amigo Nacho está igual de forma que yo, puede ser la ocasión perfecta, la ocasión que se presenta una vez en la vida para recordarla para siempre. El miércoles noche, sin previo aviso, me tengo que levantar al baño con un dolor de tripa brutal y no se me pasa hasta bien entrado el sábado noche. Parece gastroenteritis por algo que comí. Correr tras una gastroenteritis es muy peligroso. Estás deshidratado y el esfuerzo puede acelerarlo, poniendo tu salud en juego. Se lo debo a Nacho, no puedo fallarle. Aguanto 21,4kms a un ritmo de 4.48min/km. Casi me desmayo varias veces. Lo dejo porque no puedo más. Es imposible. Le fallo.

Texto de la Carta de la Organización del Zurich Marató de Barcelona: “…comprobamos que, lamentablemente, esta vez no has alcanzado tu objetivo…tu sueño. Que no te quepa ninguna duda. Hoy eres mejor corredor. Y más sabio. Como dijo Sebastian Coe: “el atletismo es mejorar y mejorar, y el fracaso no existe. Sólo fracasa quien deja de intentarlo ”

Km. 13

Los “geles” son preparados artificiales de glucosa con diferentes sabores. Contienen además otros componentes energéticos, incluso cafeína, para consumir durante la práctica deportiva e ir alimentando al organismo mientras pierde sales por el sudor y sobre todo, mientras vacía las reservas de energía de consumo rápido. Entre un gel y la EPO, por ejemplo, sólo hay una diferencia. Uno no está considerado oficialmente doping y el otro sí. Ambos ayudan a tener más resistencia, a aguantar más que en condiciones sin ayuda externa de ningún tipo.

Odio hacer trampas. Y odio perder. Es injusto no perder cuando se hacen trampas así que creo sinceramente que tenemos que plantearnos seriamente juzgar el doping cuando todos usamos “facilitadores”. Zapatillas ultraligeras y acolchadas, camisetas térmicas, bebidas isotónicas, “geles”, medias de compresión, anti-inflamatorios, tiritas nasales, vendajes de “tape” y un largo etcétera que son ya tan universales que nos parece que han estado aquí siempre. Estoy en contra del doping pero me tomo mi primer gel (sin cafeína). Me encuentro perfecto. Sin dolor, sin un simple jadeo de cansancio. Con mis amigos rodeándome y mi ciudad ya sin lluvia y unos 12 grados. Tengo otros 3 geles (2 con cafeína) y dos pastillas de ibuprofeno 600mg reservados para más tarde.

Km. 15

No puede ser. Tras parar a vaciar la vejiga durante algo menos de 1min noto un ligero pinchazo en el sóleo. Es la parada. Sólo es eso, hemos parado y al arrancar, me ha dolido un poco. Nada más. No puede ser otra cosa.

Km. 18

Llevo en México DF ya dos meses. Me ha surgido una oportunidad laboral irrechazable y he decidido venirme con mi familia. Todavía estoy solo pues vendrá Marta con las niñas después de Navidades así que decido afrontar mi trabajo y mi entrenamiento a tope. Me quedan todavía 7 semanas de entrenamiento para el Maratón de San Sebastián y quiero aprovechar las condiciones en altura del DF (estamos a unos 2.300m).

Asfixia. Falta de aire es lo que siento durante las 3 primeras semanas. Una sensación imparable de angustia, de presión, que me impide entrenar con normalidad. Ni estoy respetando los kms de entrenamiento ni los ritmos. Hago lo que puedo. Sufro como nunca antes. Solo. Lucho contra todo, contra la pereza, contra el dolor, contra mi falta de aire. No puedo fallar al resto del grupo. Siguen entrenando en Madrid. Todos los días. Ellos sí cumplen, están poniéndose en forma y yo me quedo atrás.

Mejoro considerablemente pero aparece un extraño dolor en el tobillo, en el sóleo, concretamente. Sigo. Ahora que me estoy poniendo en forma, que consigo respirar bien y tener ritmo, ahora no puedo parar. Pero vaya que si paro. El sábado me tocaban 21km. Corro con Marco, un médico especialista deportivo que me ha estado mirando la pierna. Cuando se va, continúo unos kms más y al salir del coche de vuelta a casa, no puedo ni andar. Se jodió. Me quedan 4 semanas todavía y no puedo andar. Decido seguir. Entreno con dolor. Paro unos días. Vuelvo a entrenar, me vuelve a doler. Marco hace lo que puede, me insiste en que pare pero no quiero. Ahora me empieza a doler el sóleo pero cerca del gemelo. Decidimos parar hasta el maratón. 12 días parado y que sea lo que Dios quiera. La altitud me vendrá bien, seguro que me va todo bien.

Km. 21,092

Media Maratón. Hay un tiempo en Media Maratón, 1h30min, que supone una barrera bastante importante entre los runners. Es un tiempo insultantemente malo para un profesional o un runner avanzado pero un tiempo insultantemente bueno para un runner popular. Marca la línea entre “tengo un marcón” y “corro mucho”. La línea entre “lo conseguí” y “no lo conseguí”.

Mi momento de intentarlo ha llegado. Media Maratón de San Sebastián. Mayo 2010. He entrenado con José el Calvo. Una puta bestia de la naturaleza. Hacemos entrenamientos muy caóticos pero de mucha calidad. Esto significa que corremos siempre a alta frecuencia para mejorar sobre todo la resistencia a ritmos altos. Un día nos tocan series de 1000m ó 2000m y el siguiente nos tocan 14km a toda leche. José es experto en sufrir. Tiene una cabeza de hierro. Me contagia ese ansia por ir rápido. Me encuentro sorprendentemente bien tras 3 meses de entrenamientos muy duros. Nos faltan kilómetros porque apenas hacemos tiradas largas. Fallo. Pero la forma que tenemos es muy buena, es sólo una Media Maratón y esto va de sufrir durante 1h30min y se acaba. Tampoco es tan difícil después de todo lo que hemos entrenado.

Tras 17,5kms, en mi ciudad, en San Sebastián, corriendo lo más rápido que podía y adelantando incluso al grupo de 1h30min, miro mi reloj, me quedan menos de 4kms y voy a hacer 1h28min. Lo siguiente que recuerdo es encontrarme tirado en la carretera, mucha gente a mi alrededor preguntándome si estaba bien, si necesitaba algo. Me había desmayado del esfuerzo. Caí redondo. Me había deshidratado. Fallo de principiante que me cuesta no conseguir bajar de 1h30min en Media Maratón. De las mayores decepciones de mi vida.

Km. 22

Tomo otro gel. Esta vez con cafeína. Me da un subidón brutal. A Nacho, que lo ha tomado 2kms antes, ya no le para nadie. Viene forzándonos a ritmos de 4min30sg/km en los últimos kms. Aunque me duele el sóleo, me distraigo pensando que se va a ir el dolor. Me distraigo con el efecto del gel, con la gente. Veo a mi padre, a Paula y Lola, las mujeres de Nacho y Rafa, a mi mujer, a mis hijas, a mi cuñada Belén, mi mejor alumna, a mis suegros, a amigos de San Sebastían, a Laura, una compañera de trabajo, a Malén, la mujer de mi amigo Raúl. Todo el mundo me sonríe, todo el mundo me anima.

Cuando se interrumpen los pensamientos, me duele la pierna. Cada vez más. Me tomo un ibuprofeno.

Km. 25

La procrastinación es la palabra que define el dejar las cosas importantes para otro momento. No es dejar las cosas para otro momento. Es dejar las cosas importantes para otro momento. A pesar de la importancia, de la urgencia, se encuentran excusas pero sobre todo otras cosas que sustituyen a la obligación de hacer las realmente necesarias. Hay diferentes grados de procrastinación. Yo he llegado a ser un Máster de la Procrastinación.

Correr me ayuda a corregirlo. Correr te impide dejar las cosas importantes para otro momento. Lo importante cuando corres es correr y dejarlo para otro momento sería no correr. Vencer a la pereza de empezar o a la tentación de parar son victorias perfectas para no procrastinar en otros momentos de tu vida. Cuando te enfrentas a la pereza, a las ganas de evitar lo urgente, lo importante, correr te ayuda a afrontarlos. Les has superado tantas veces que lo vuelves a hacer. Esto no significa que siempre ganes. Ganas más veces pero no ganas siempre. Incluso te permites el lujo de perder bajo la realidad de que ganas más veces de las que pierdes y te lo puedes permitir.

Yo no me puedo permitir perder hoy. Hoy no.

Km. 28

Me fallan las fuerzas. Me duele mucho la pierna. Ni de coña voy a aguantar esto, disimulo cuando veo en el público a alguien conocido animando. Me tomo otro gel, no lo necesito, tengo buena forma pero no puedo seguir, busco excusas. Tengo que decirles a Nacho y Rafa que no puedo más. Otra vez les fallo. Es imposible que acabe así, quedan 14kms, un mundo.

Sucede lo inesperado. Una lección de amistad. Justo lo que necesitaba, justo en el momento que lo necesitaba. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo al oirlo. Dos frases. Dos brazos que me sacan del agujero.

“Da igual lo que tardemos, vamos a acabar esto contigo. Vamos a acabarlo juntos”. Gracias Nacho.

“Al final, poco a poco, todos juntos y van pasando los kilómetros y cuando te das cuenta, ya no queda nada”. Gracias Rafa.

Km. 30

Una de las mayores verdades que se dicen entre los runners es que “una maratón NO son dos medias maratones seguidas”. Es una gran verdad porque cuando afrontas tus primeras medias maratones, sueles hacerlas a ritmos “cómodos” y la sensación de euforia que te invade es brutal. Además, al ir evolucionando y aumentando los ritmos, la sensación de agotamiento físico y mental se pasan nada más cruzar la meta, es una distancia suficientemente larga para convertirlo en gesta y suficientemente corta para hacerla sin excesivos sufrimientos ni traumas. El maratón es diferente. Todo comienza en el km. 30. Si se ha hecho un buen entranamiento, sobre todo en número de kilómetros, hasta el km. 30 todo es conservar la calma, prepararse para afrontar los 12 últimos, llevar ritmos crecientes y sobre todo, tener la cabeza ocupada y distraída con el ambiente, las sensaciones, los recuerdos, los demás corredores, el público, y el absoluto control sobre lo que te rodea, por fuera y por dentro.

A partir del km. 30, todo cambia. La cabeza, tu gran aliado, empieza a abandonarte. Las sensaciones son diferentes a cualquier experiencia deportiva anterior. Luchas por no pensar en lo inevitable, podrías no acabar. Es muy duro correr tanto. Todas las dudas del mundo sustituyen tu felicidad anterior. Las tentaciones te invaden. Tu fuerza física te abandona, es una lucha entre tu cabeza y tu coraje, tu orgullo, tus recuerdos. Lo sorprendente es la fuerza que tiene tu cabeza tanto para empujarte a hacer imposibles como para hacer imposible que empujes más. Cada kilómetro dura una eternidad. Y ahí está otra vez tu cabeza. Te recuerda, sin cesar, lo fácil que es pararse. Que se acabe todo, ya lo intentarás otra vez, has hecho lo que has podido, tienes toda la vida para intentarlo. Que se acabe el dolor. No es dolor físico, es dolor mental. Párate.

Km. 32

Quedan 10kms. El dolor me impide ya seguir a los buenos ritmos que teníamos hasta ahora. Sólo pienso en pararme. Todo el rato.

10kms. Una prueba que junta a runners princiantes, deseosos de correr durante casi 1h seguida y sentir el orgullo infinito de romper una meta que nunca creyeron que iban a lograr, y a runners más avanzados, deseosos de romper otra meta. Bajar de 40mins. Serio, muy serio. Mucho entrenamiento, mucho sufrimiento, muchos días de dolor. La prueba de los 10kms es de las más duras. Se corre todo el rato a frecuencias cardíacas muy altas, es una prueba donde se mide el grado de tolerancia al sufrimiento del corredor.

Madrid. Junio 2010. Carrera Norte contra Sur. Tras mi fracaso en la Media de San Sebastián 1 mes antes, y con una muy buena forma acumulada, afronto este nuevo reto. Mi confianza está todavía muy mermada pero reúno todas las fuerzas que tengo, físicas y sobre todo mentales y me lanzo a la carrera. En el km. 2 pienso seriamente que no puedo seguir a ese ritmo todo el rato. En el km. 4 pienso que lo puedo hacer, tengo que sufrir un poco más, por todo este tiempo entrenando, por mi fracaso en la Media. En el km. 6, cuesta abajo, le gano 24sgs al tiempo que debía llevar, buenas noticias. En el km. 7 tiro la toalla, es una puta agonía sufrir tanto. Me pasa un corredor con pañuelo en la cabeza. Venga Jorge, joder, síguele un rato, sólo un rato. En el km. 8 me vuelve a surgir la fuerza mental y paso al corredor del pañuelo. En el km. 9 miro el reloj, joder, lo hago, lo hago. Hago un último km rebosante de alegría, sufriendo de felicidad, sufriendo de dolor, ya me da igual, voy a llegar. 39min. 32sgs.

Pienso todo el rato en lo que sentí cuando pasé aquella meta pero cada vez me cuesta más pensar. Ya no pienso claro, el dolor me confunde. Tengo que pensar más cosas buenas, olvidarme del dolor. No lo consigo.

Km. 34

Veo a mi mujer y a mis hijas por última vez, es la zona más fea del circuito de la Maratón de San Sebastián. Es muy feo, y yo agonizo. Pongo mi mejor cara, no puedo ni pisar bien. Nacho y Rafa me animan todo el rato pero en serio, ya quiero dejar de sufrir, no tiene sentido, no le veo ningun razón a seguir.

“El sufrimiento es sólo mental”. Y una puta mierda. Me duele ya toda la pierna y no soy capaz de callar mi cabeza. Comienzo a sentirme además muy cansado. Claramente, no he hecho los kms necesarios. Es un tema que no se puede disimular en un Maratón. Si no has hecho los kms suficientes, llega el “muro”.

El muro es la sensación física y mental resultado de que el cuerpo ya ha consumido toda la energía a su disposición y comienza a tirar del músculo como fuente de energía. El cerebro lo rechaza de pleno y se da un conflicto en el organismo. Y, ¿de quién es el organismo? Exacto. Mío. Un conflicto muy pronfundo que eleva tus anteriores dudas a un plano diferente. Un plano que sobre pasa lo racional, lo explicable. El cuerpo no va a dejar que pase y hace todo lo posible por impedirlo. Te obliga a dejar de sufrir, te obliga a parar. Aquí es donde comienza el Maratón. Para esto se entrena, para que, cuando llegue, tengas las suficientes agallas para evitar dejarlo y seguir corriendo.

Desde el sofá es muy fácil ver sufrir. Siempre he dicho que sufrir es la mejor medicina para entender la enfermedad de sufrir. Porque sufrir es una enfermedad y a los que nos gusta sufrir, somos unos enfermos que sólo nos cura seguir sufriendo.

Km. 36

Tomo otro gel. Ya nos sé si tiene cafeína, si sabe rico o no. Me da igual. Entro en un modo autómata. Ya no hablo. Sólo hablo para decirles a Nacho y Rafa que animen a los que se van quedando. Sé exactamente lo que piensan, lo que necesitan, lo que sufren. No pueden más. Como yo, aunque en mi caso, tengo la cabeza sorprendentemente clara por momentos. Es como si, el ir avanzando kms, el estar seguro que no lo voy a conseguir, me libere de la presión.

Me sigo mintiendo para engañar a la cabeza y al dolor. Me prometo no correr nunca más maratones. Me prometo que nunca más voy a entrenar tanto. Me miento una y otra vez. Sé que es mentira pero las convierto en verdades. Juro que nunca más corro. Bueno, prometo que no corro más hasta verano, sólo voy a andar en bici, todo tranquilo, sin madrugar, sin sufrir, sólo por diversión, ni pasar frío por las mañanas corriendo, nada, si acabo, no corro salvo con mi mujer y así vamos hablando, despacito, sin esfuerzo, sin dolor.

Km. 38

No queda nada. 4kms. Pero ya no puedo más, se acabó. Paso el tunel de Ondarreta. Me voy a marear, me voy a caer, ya no puedo pisar, no me quedan fuerzas. Me quema la pierna. Decido pararme. Se acabó. Rafa me mira. Me da otro gel. Ya no tengo ni ganas de cogerlo, ni tomar gel, ni agua. Sólo quiero pararme. He hecho lo que he podido. Más de lo que me hubiese imaginado. Más de lo que la gran mayoría hubiese aguantado. Más de lo necesario, no tengo que demostrar nada a nadie.

Mi amiga Lucía corre su primer Maratón hoy. Me acuerdo de ella. Es una luchadora.

Mi abuela ha sido siempre mi referencia de bondad hacia los demás. Pasó hambre. Querer a los demás más que a ti mismo, es la mayor prueba de generosidad que conozco.

Mis padres han sacrificado sus vidas por sus hijos. Nos han dado lo que ellos no tuvieron.

Mi mujer estuvo estudiando 10 horas diarias durante 4 años teniendo a su novio a 10min de distancia. Todos los días.

Km. 38,2

Decido seguir. Eso es vencer a la tentación. Tengo que acabar para recordarlo. Tengo que acabar para demostrármelo a mí mismo. Esto es sufrir. Esto es correr un Maratón.

Km. 40

Voy a correr mi primera Maratón. Noviembre 2009. La hemos bautizado como “Duelo en la Arena”. Digo “hemos” porque la corro con uno de mis mejores amigos. Tribó. Hace unos meses decidimos inventarnos una acción publicitaria que consistía en hacer una página web donde la gente nos podría votar si consideraba que íbamos a ganar al otro en la Maratón de San Sebastián. El que perdiese, juntando los votos y el tiempo final, sería becario del otro. La acción se nos fue de las manos. Más de 45.000 votos. Entrevistas en revistas, periódicos, radios nacionales, portales digitales. Entrenamos para este Maratón, de forma muy anárquica pero con la ilusión del principiante. Yo en Madrid, con mis amigos del gimnasio, Gema, Raúl, José el Calvo, Txema, Nacho, Rafa, Lucía, y los demás. Él en Barcelona, con sus amigos también. Disfruté, acabé y recuerdo esas 3h28min como pura felicidad, cada km me parecía mejor que el anterior. Una pena que sólo se pueda disfrutar una vez de esa primera vez.

En esta ocasión, saco fuerzas del puro recuerdo, de cómo me sentí al entrar al Estadio de Anoeta, de los escalofríos al correr por el tartán con Tribó. La gente me aplaude, no queda nada.

Km. 42

“El dolor es temporal, el orgullo es para siempre”. Tan cerca del final, esta frase que repetimos tanto los runners, cobra por fin sentido. Ahora la entiendo, ahora la merezco. He sentido ESE dolor y voy a conservar ESE orgullo para siempre. Te he ganado.

Beso la medalla de mi abuela que llevo siempre encima. No paro de darle las gracias. Gracias, estés donde estés.

Km 42,195

Tras dar la vuelta al Estadio junto a Rafa y Nacho, la felicidad más absoluta me hace correr estúpidamente rápido. El dolor me recuerda con certeza que no voy a poder mantenerme de pie, me voy a caer. Freno un poco, encaramos la recta de meta. Todos los sentimientos de las últimas 3h33min afloran a la vez. Quedan 30m. Rafa me abraza. Nacho me abraza. Rompo a llorar como un niño. Como nunca se llora de adulto. Entramos en meta, no puedo parar de llorar, intento parar pero me voy a caer. Me sujeto a Nacho. Cojeo, me da igual, he llegado. He ganado. He ganado!

Km. 43

Ver a mi hija Lola y a mi mujer y abrazarme a ellas, me recuerda que corro para ser mejor persona. Para enseñarles que, corriendo, voy a ser mejor padre y marido, que sufriendo, les puedo enseñar la lección más importante de la vida: “Cuanto más das, más recibes”.

Gracias a todos.

Comentarios
  1. Nacho12 diciembre 2012 a las 7:00 pm

    Brutal!

  2. Raúl12 diciembre 2012 a las 9:30 am

    Si tuviera que hacer el comentario hablando, no podria hacerlo por el nudo de emoción que se me ha puesto en la garganta.
    Gracias Jorge por este relato ya que has conseguido devolver a mi memoria situaciones parecidas, que afortunadamente enseguida las archivas, pero que te das cuenta con el paso del tiempo, que son las que te forjan como atleta y por supuesto como persona.
    Y tu eres cada vez mejor atleta y por supuesto mejor persona.
    Un abrazo

  3. Jorge Villabona12 diciembre 2012 a las 7:04 pm

    Gracias Raúl, viniendo de ti, es el mejor halago que me puedo llevar.
    Fuerte abrazo

  4. Gema12 diciembre 2012 a las 6:24 pm

    Ha sido emocionante leer tu crónica y revivir tantos recuerdos. Cuanto siento no poder seguiros ya y compartir esas experiencias con vosotros. Por eso me encanta que me las cuentes…

  5. Luis12 diciembre 2012 a las 9:41 am

    Como siempre Jorge, un fuera de serie. Por algo estás donde estás.

    Fuerte abrazo.

  6. JM Tribó3 marzo 2013 a las 6:07 am

    He cumplido mi promesa de leerlo antes de correr mi “último” maratón. Me he emocionado y he aprendido un montón. Me quedan apenas 80 minutos para empezar el maratón de mis 40 años. Gracias por ser tan buen amigo. Un abrazo!

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