Cena a Ciegas

Tras la asistencia al Thursday Internet, me fui con unos amigos a descubrir qué nos depararía la reserva que habíamos hecho en una “Cena a Ciegas” en el Palace de Madrid.

Cena a Ciegas

Hace más de un mes María, nos envió la oportunidad de apuntarnos a esta nueva experiencia. Se trata de completar una cena con entrante, primero, principal y postre y regado con toda suerte de vinos, con los ojos vendados. Durante toda la cena!
El Palace respondió a las expectativas, ya antes de comenzar. Salón reservado para el “evento” con una sala adicional donde degustar un cóctel antes de comenzar. En cuanto todo el mundo hubo llegado, y abonado el importe de la cena…, nos sentaron en las mesas. Era espectacular el despliegue de copas, cubertería y enseres en cada mesa, en cada sitio.

Enseguida con todo el mundo sentado, se dirigió a nosotros el presentador y “guía” de la cena. Nos explicó cómo irían aconteciendo los siguientes pasos y cómo haríamos todo con los ojos vendados. Nos colocamos el antifaz y zas, la oscuridad. Se trata de anular uno de los sentidos (la vista) y parcialmente el tacto (se es mucho más torpe sin ver nada…), para activar mucho más los restantes (olfato y sobre todo gusto). El oído también juega un papel importante, por ejemplo, a la hora de hablar a ciegas, donde tienes que prestar mucha más atención a quién te habla y a quién se dirige. Sorprendentemente, se oye mucho menos. Cuesta más captar todos los matices, de ahí que olfato y gusto “tengan que rellenar el 100% del sentido general que ha perdido la vista y por ende, se potencien muchísimo”. El guía nos sugería no hacer trampas, para “llegar a una sensación plena, al final de la cena, cuando uno ya se ha acostumbrado a la nueva configuración de los sentidos”.

Y llegó la bebida y la comida. Gazpacho de albaricoque con berberecho, mero con setas, carrillera de ternera, tarta de queso con helado de piña y sopa de chocolate blanco con frutas del bosque, completaron un menú más que decente. Se regó con diversos vinos, desde el blanco más joven, otro blanco más envejecido, y otro más viejo todavía hasta un tinto crianza 2002 y un champán rossé para finalizar. La sensación al comenzar es rara, un poco claustrofóbica. La torpeza es la sensación que reina la mesa. Ya no sólo para lograr coger un poco de comida del plato, incluso para encontrar la copa, elegir bien los cubiertos o incluso comer pan. El hambre también hace un papel de potenciador e incómodo. Se va pasando mientras las conversaciones empiezan a aparecer, unos riendo, otros intentando adivinar qué están comiendo. Decir, que no es fácil adivinar qué se está comiendo, pero que, como un pensamiento dormido, en cuanto alguien da la primera clave, “tiene algo de fruta pero no es pera…”, decenas de cábalas salen a la mesa hasta conseguir dar con el sabor adecuado, “es piña”. Es como si, de repente, te volvieses torpe, siendo incapaz de hilar sentido del gusto y cerebro. Afortunadamente, esta sensación se va perdiendo según vas avanzando hasta que, al final, los tiros son mucho más ceteros, “tiene un toque a champagne rosse”…

Experiencia para probar. Por cierto, la idea se puede degustar en sendos restaurantes en Londres y París, donde los camareros son…ciegos…

ACTUALIZACIÓN 29/10:
Cobertura del evento en el Telediario de TVE1 a cargo de Lorenzo Milá

Un comentario en “Cena a Ciegas”

[…] sabéis conocéis mi predilección por la comida y los cocineros. Además, también soy fan de los monólogos de Buenafuente, aunque haya decaído un […]

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